

puedo creer que soy capaz de ver sin sacar la vista del piso.
el sinsentido que persiguió en momentos de lucidez
la mantiene en pie mientras sonríe amargos de soledad tirados al vacío
de irreverentes sin sentidos tardíos y dormidos.
se ilusiona al pensar en las primeras palabras del destello matutino.
mientras se peina las pestañas pegoteadas, frente al espejo roto por las poca paciencia del no poder.
de la irremediable sensación de culpa que brota del corazón, por la inmovilidad que se induce a ratos, luego de soñar en paisajes azules, con formas geométricas, extraídas de quizás qué libro de fantasía infantil
se muerde las uñas y nota como un pedazo de esmalte se ha perdido en el camino e irremediablemente, contempla en su pretérito, el trozo de piel donde dejó su dulce olvido
volvió la vista en si misma, ilusionada logra alzar la vista al cielo oscuro y gris,
[en un deja vú acomplejado] se atormenta en los reflejos del niño feliz que pasa sonriéndole: No puede mentirle y contestarle como a todos! es un niño que viene a reírse en su cara de la desdicha de no tenerle de frente como sueña...
no puede sonreírle entonces y dejarle entrever que todo está bien cuando de verdad está mal y nadie intenta matizarle la vida.
No lo hará entonces, no le devolverá la sonrisa, prefiere llorar! que la vea llorar y que sepa de una vez que cada lágrima es un pedazo de cielo, de esperanza, de milagros dejados al azar, que se pierden...
entonces retoma lo de siempre y se enamora de los gritos de la mañana, del café apurado y de las tantas luces que logra despertar, aunque recuerda la poca admiración que siente por cualquier ser humano.
despierta entonces para recordarlo, no necesita amar a mientras tenga la certeza de la combinación en la que guarda su secreto almidonado en azucares del paso de segundos eternos.
y recuerda cómo empezó todo
con una simple palabra de cortesía
y entonces entiende como entro en esto
sin mostrar retazos de culpa, suplica una indulgencia plenaria en su corazón.
Es escuchada, en segundos la marea cambia y todo podría configurarse
como dos planetas simplones, de alta rotación y poca vida.
Murmura las avemarias aprendidas de una senil fe del ayer.
del grupo de niñas gritando antenoche, en la pesadilla que se hace una con su piel
ligera, azotada por los maltratos de una vida insignificante.
No le complica, camina camino arriba y no es peyorativo, es orgullo de pequeñez e insignificancia que pueda acompañarle... nunca intentó protagonizar una obra inconclusa,, más bien recapacita e intenta vivir un nihilismo acomodado,
sea como sea necesita encontrarle en la noche, mientras camina con ansias... necesita besos apasionados aunque sea de mentira y en sueños, robados de alguna película sin colores escrita para ellos: No podía ser justo que luego de encontrarse, permaneciera en el templo de los padecimientos.
Roba los besos que quería y se queda un tiempo más,
esperando aceptar que por más que intente creer en la veracidad de sus sueños...
debe luchar contra el pesimismo arrogante marcado por el cúmulo de desdichas en lo anteriormente vivido,
vidas pasadas que chocan como mariposas destinadas cruelmente a revolotear.
“cruelmente” - repetiría, para no olvidar que una vez pronunció esa palabra... [y no le molesta lo cruel si puede oler su pelo admirado a más no poder, por su avaricia lujuriosa de querer guardarlo para ella y no perder ni un centímetro de la piel que ama secretamente]
Deja de ser secreto cuando miras la mano y tienes restos de pelo en ella...
imposible que un cuerpo pueda haberse desentendido de una caricia de tal calibre y
guarde celosamente las caricias provocativas que le devuelven la fe en algo más que en si misma, devuelve el revoltijo de sabores que un día destino perdido entre letras sentenciadas y malditos cuentos de hadas...
y lo guarda durante el sueño, porque en vigilia puede provocarlos y volver a hacerlo las veces que se aparezca.
Noche - cae - suspiros, luna, cielo, estrellas, deletreó antes de perder la noción de la realidad
, el sentido lo he perdido un par de veces, pero he aprendido a vivir con eso:
soñando, vivir en las horas destinadas al otro hemisferio: las robo, arrendó o consiguió en las baratijas de la pesadilla anterior para hacer calzar las pequeñas veces que pude susurrar algo parecido a lo que , sentía, debía decirle.
No se arrepiente, confesó, al final que si fueran sus últimas palabras habría sido más clara y menos entrecortada.
Dos lágrimas rodaron por las montañas de su boca,
saben a dulce amor, a dulce espera, a dulces milagros de la vida.
entonces no le importaba que existieran, porque mientras estaba probándolas... probaba que podía hacer lo que quería.
queriendo - arrepintiéndose - y reprimiendo sus propios deseos...
mas en asuntos de lágrimas y bocas, poca voluntad varía... así que desató sus amarras y persiguió su poesía, para dar rienda suelta a la poca vergüenza que ya sentía,
mas hay momentos en que las inclemencias del tiempo no figuran y restan importancia al real motivo de lucha...
que no es sino en pocas palabras
comulgar su sueño y el mío.
[yfln]